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Un historiador puede cambiar la manera de mirar el pasado sin descubrir un solo imperio perdido. Carlo Ginzburg lo hizo siguiendo las huellas de un molinero, de unas brujas y de los pequeños indicios que la historia suele pasar por alto. Su muerte cierra la vida de uno de los intelectuales más originales del último medio siglo, pero deja una obra que enseñó a generaciones de lectores que, a veces, un detalle minúsculo alcanza para iluminar una época entera. Leer más